24 septiembre, 2021

Perdimos una oportunidad más: la CNDH.

A uno par de meses de que se cumplió un año de la renovación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, es de vital importancia que analicemos los impactos de esta Organización en la sociedad y política nacional, así como la magnitud de los mismos.

En este caso, como en todos los todos los asuntos de carácter público, las opiniones y evaluaciones se llenaron de matices. Al ser esta, una organización de las más costosas en América Latina y con 15 años sin utilizar al máximo sus capacidades. Como primera crítica, las gestiones de la institución podían mejorar: las expectativas de acompañamiento de víctimas, la eficacia de las investigaciones, la pluralidad de sus integrantes, por mencionar algunas, considerando los recursos que tienen disponibles.

Entre las funciones principales que se deben de llevar a cabo por la Comisión son la comunicación constante de recomendaciones sobre temas de violación a los derechos humanos a las autoridades gubernamentales; durante el 2020, se registraron alrededor de 60, 8 de ellas sobre casos de violación a derechos humanos graves, lo cual señala una deserción lenta de desde anteriores periodos.

Contrastando lo anterior, no se han seguidos las investigaciones de diversos casos de tortura sexual hacia mujeres y se han mantenido al margen de las investigaciones sobre el caso de Ayotzinapa. Abundando en más casos y ejemplos, no abordaron la controversial desaparición de los fideicomisos públicos ni impugnaron el proceso de la militarización de la seguridad, incluso cuando esto sí ameritaba una intervención de su parte, entre muchos otros casos que complementan a la falta de la Comisión en sus deberes.

Su consejo constitucional permanece incompleto y no ha sesionado desde el principio de la pandemia y un numero está emitiendo un número inusual de comunicados por conflictos internos.

Como es de esperarse dado el análisis de sus funciones, en términos cualitativos las funciones también han bajado y hay un abismal retroceso, aunque parte de estas imposibilidades pueden estar ligadas a la actual pandemia, impulsar la austeridad resulta fundamental en el contexto específico.

Es necesario que la agenda de la organización se vuelva puntual y organizada, además de tener un acercamiento estratégico a las violaciones graves a los derechos humanos, pero, además, profundicen el trabajo con las minorías del país.

Se ha comparado la eficacia y relevancia de dimensiones técnicas en la Comisión, sustituyéndola con política de bajo nivel, por lo que será crucial que los cambios que se esperaban al inicio del periodo comiencen a suceder.

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