12 abril, 2021

Las mujeres siguen siendo asesinadas por brujería en Tanzania

Aún en hoy, siglos después de la disolución de la Santa Inquisición, la cacería de brujas sigue amenazando a las mujeres de Tanzania.

Aunque para nuestra época la cacería de brujas parece más bien una leyenda, parte del folclor de la época medieval, para algunas comunidades muy tradicionales y supersticiosas aún es una realidad. Éste es el caso de Tanzania, un país ubicado en la costa de África Central (justo debajo de Kenia), donde millones de mujeres son asesinadas o expulsadas de sus comunidades al año después de ser acusadas de haber maldecido a los pobladores. Sin embargo, existe mucho más detrás de estos juicios de brujas rurales que sólo el miedo.

Cualquiera puede ser Acusada sin Fundamentos

Aún con el 60% de su población bautizada dentro del cristianismo, las supersticiones y la magia siguen siendo una parte fundamental del pensamiento de las pequeñas comunidades en Tanzania. Cuando algo malo pasa dentro de la comunidad, la sospecha recae en que fue obra de una bruja. Incluso existen hombres que se hacen llamar brujos, practicando todo tipo de remedios y rituales de purificación, y que dicen tener el poder de detectar brujas. Ellos dicen sentir la presencia del mal dentro de una mujer con sólo mirarla, aunque sus acusaciones sean completamente falsas. Las comunidades les entregan su confianza a éstos brujos no sólo por la fe en la magia blanca, sino también porque tienen miedo de las brujas que, se dice, conjuran a los pueblos causando enfermedades, pérdidas en los negocios, e incluso la muerte.

Las mujeres acusadas de ser brujas son atacadas por grupos de jóvenes en sus casas durante la noche (a veces incluso son heridas con hachas y requieren dos meses de cirugías y hospitalización para sanar) y se les expulsa a vivir en la soledad y la pobreza de la sabana. Ellas mismas tienen que salir adelante construyendo su casa con los pocos recursos que encuentran y sembrando vegetales para comer. Sin embargo, hay ocasiones en las que los cargos resultan imperdonables para la población (especialmente la muerte de niños pequeños simplemente por un “hechizo”) y las mujeres son quemadas vivas.

Consternado por estas costumbres, el gobierno de Tanzania ha vetado el linchamiento de mujeres y los juicios por brujería. Los brujos rurales se han visto obligados a disculparse públicamente y ahora enfocan su negocio en la venta de medicinas naturales. Los familiares de las víctimas comúnmente no detienen los ataques ni denuncian lo ocurrido por temor a que ellos también sean expulsados. Sin embargo, los gobiernos rurales se han encargado de investigar y castigar a los culpables de los linchamientos con pena de muerte.

El principal motivo de que haya tantas muertes en Tanzania por acusaciones de brujería es que el país se conforma de enormes llanuras en las que los pequeños pueblos viven alejados y sin comunicación. No hay suficiente personal en los departamentos de policía rurales como para vigilar constantemente a todas las comunidades. Ante éste problema, el gobierno ha autorizado pequeños grupos de vigilancia conformados por civiles, conocidos como Sungusungu. Sin embargo, se cree que estos son los responsables de los ataques y linchamientos. Activistas locales visitan a los Sungusungu constantemente para darles pláticas de reflexión y respeto a las mujeres de la comunidad con la esperanza de que las tradiciones cambien.

Los Juicios de Brujas se vuelven una Disputa Económica

Aunque en un inicio los juicios de brujas se llevaban a cabo con base en el miedo, la mala suerte, y la superstición, durante los últimos años ha habido casos de madres o hermanos que incriminan a las mujeres dentro de sus familias cuando éstas reclaman su parte de la herencia.

Las mujeres expulsadas han aprendido a vivir en solidaridad y perdonar a sus familiares, mientras que los familiares que aún viven en la comunidad siguen con sus ideas tradicionales y no quieren volver a verlas.

En tan sólo una década la población de Tanzania se ha duplicado, subiendo el precio de los terrenos. Como propiedad privada, las grandes extensiones de tierra se dividen entre los hijos del propietario, pero en el momento en el que las hermanas buscan reclamar su parte los demás miembros de la familia las acusan de brujería para que sean expulsadas.

Las mujeres expulsadas han sabido salir adelante y ahora forman comunidades independientes en las que se protegen entre ellas. Aún con todo lo que han tenido que vivir, no les guardan rencor a sus familias y esperan poder reunirse en un futuro. Y es que el principal cambio social en Tanzania ha caído en las manos de los voluntarios. Algunos intelectuales que trabajan en las universidades de las zonas urbanas se han acercado a estas comunidades de mujeres para darles clases y cambiar su mentalidad, promoviendo la unión y la solidaridad del grupo. Además, grupos de jóvenes voluntarios se reúnen cada domingo para ayudar a las mujeres expulsadas a reparar sus casas, cambiando sus techos de paja por láminas que realmente las protejan de la lluvia.

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