14 abril, 2021

La Ultraderecha se Apodera de Israel. (Resubida)

Benjamin Netanyahu es una figura política muy admirada e influyente en Israel. Poniendo a su nación ante todo, Bibi es recordado por haber abandonado sus estudios en Harvard para unirse al ejército israelí durante la Guerra del Yom Kippur (1973) y actualmente ejerce como Primer Ministro. Netanyahu ha sabido ganarse a la gente con sus estrategias económicas que han sacado adelante al país durante los últimos 20 años y lo han ayudado a sobrellevar fuertes crisis económicas (como la del 2008) a través de la baja de impuestos. Así, Israel ha alcanzado un crecimiento económico más grande que el de potencias como Alemania y Estdos Unids.

Pero no todo ha sido un éxito durante la administración de Netanhayu. Aunque desde un inicio el mandatario defendió una política de derecha, a lo largo de los años se ha vuelto extremista, forjando alianzas con los grupos más ortodoxos del país y estableciendo hostiles relaciones con su vecino y eterno enemigo Palestina.

Volviendo a la Tradición Judía

Desde el 2009 Benjamin Netanyaju (apodado “Bibi” en su país) ha logrado conservar el puesto de Primer Ministro en Israel. En un inicio sus políticas para reactivar la economía del país y sobrellevar la crisis del 2008 resultaron altamente exitosas. Interponiendo la extensión del mercado israelí por encima del nacionalismo y los conflictos político-religiosos que ha tenido con la Liga de Países árabes, Netanyahu llevó a Israel a convertirse en una nación emprendedora, moderan y tecnológica. Además, se ha encargado de establecer relaciones favorables con sus vecinos, pues Bibi siempre ha argumentado que le interesa explotar el potencial de los jóvenes emprendedores del mundo.

Sin embargo, la gran cantidad de partidos políticos que han surgido en los últimos años han dividido la Knesset (el parlamento isrelí), vulnerabilizando la administración de Netanyahu. Para resolver esta inestabilidad, Bibi (que siempre se mostró progresista) empezó a formar coaliciones con partidos centralistas en el 2019 y ha presentado una política radical de derecha.

Luchando por mantenerse en el poder el Primer Ministro Israelí formó una poderosa alianza con los jaredíes (seguidores de la rama más ortodoxa del judaísmo). Los seguidores de ésta doctrina ponen la religión por encima de absolutamente todo, por lo que muchos hombres se dedican únicamente al estudio de los textos sagrados y sus familia (en promedio de 7 integrantes, de acuerdo con la tradición) son mantenidas con el apoyo económico del gobierno. Las reformas progresistas con las que Netanyahu inició su mandato en el 2009 dictaban recortar el presupuesto que se le otorga a éstas familias, lo que provocó que muchos hombres y mujeres salieran a trabajar, ayudando a reactivar el mercado. Sin embargo, las nuevas políticas ultrderechistas de Benjamín han promovido que se aumente el apoyo económico de los jaredíes, con lo que incrementado el número de seguidores de ésta tradición. Molesta con ésta decisión, la población de Israel argumenta que la reformas atentan contra la democracia y obstaculizarán el progreso económico. Bibi opina que, por el contrario, la tradición judía es lo que le da sentido a la existencia del estado de Israel, por lo que no debe perderse.

Todo parecía ir bien entre los jaredíes y el primer ministro, hasta que las nuevas reformas también afectaron a los seguidores de la doctrina. Como hombres religiosos, los jaredíes tenían el privilegio de no cumplir con los 3 años de servicio militar obligatorio que se les imponen a los jóvenes. Aunque dándoles otro tipo de ventajas, Netanyahu ha decidido cancelar ese privilegio y ahora los adolescentes jaredíes están obligados a participar en el servicio (pudiendo ser llamados por las fuerzas militares en caso de que se necesite).

Relaciones Exteriores Suicidas

Durante los últimos tres años las potencias de occidente han mostrado un gran interés por el crecimiento de Israel. Pero el interés de Netanyahu  no sólo está en Europa. El primer ministro está en busca de aliados en todo el mundo e incluso se ha tomado el tiempo de visitar a las naciones africanas. Además, el avance en las relaciones entre el estado judío y los miembros de la Liga de Naciones Árabe (sus eternos rivales tras la apropiación de terreno palestino) es sorprenderte. Pues ha forjado lazos tanto con los poderosos Emiratos Árabes Unidos como con la ortodoxa Arabia Saudita. Incluso Egipto le ha dado permiso al ejército israelí, uno de los más fuertes y capacitados del mundo, de ingresar en su territorio para llevar a cabo operaciones anti-terroristas secretas. Sin embargo, estos tratos internacionales tienen una segunda intención.

Con los buenos términos a los que ha llegado con Estados Unidos, la potencia ha decidido darle su apoyo a Israel en cuanto al conflicto territorial que tiene y aceptar la apropiación de ciudades como Jerusalén (que el estado judío planea adoptar como capital) y una parte de Cisjordania.

Con la pandemia del Covi-19, la recesión económica que traerá como consecuencia, y otros miles de problemas internos qué atender tanto los países árabes como las potencias del resto del mundo han perdido el interés en la eterna guerra entre Israel y Palestina. Haciendo a un lado éste tema se le otorga de manera silenciosa el control de territorios clave a Israel sin siquiera buscar el diálogo con su rival. Dejando así a Palestina sin las grandes extensiones de suelo fértil con los que mantiene a su población y sin sus principales reservas de agua.

Desde hace 2 años, con la radicalización de las políticas de Netanyahu, se han reportado altos índices de violencia y una serie de ataques aéreos en la franja de Gaza (territorio peleado por Israel y Palestina pero protegido por Egipto)

Por el momento parece que todo va bien para Israel, pero al basar la apropiación de ciudades como Jerusalén únicamente en el reconocimiento de otras naciones no tiene validez real sin un acuerdo con Plestina. Mahmud Abás el actual presidente del estado árabe, está muy molesto con el poder que Trump ha impuesto en las decisiones sobre sus territorios y las protestas de civiles exigiendo respeto a su país ahora llenan las calles del estado árabe. Analistas políticos afirman que las hostiles políticas de Netanyahu en realidad son una bomba de tiempo que no tarda en estallar, desatando una nueva ola de violencia.

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