20 abril, 2021

Hong Kong: renuncian diputados pro-democracia

La situación fiscal de Hong Kong es bastante particular, sin embargo el gobierno de La República Popular de China ha intentado intervenir durante los últimos años y cada vez está más cerca de lograr su cometido.

Pero para entender la situación actual es necesario recapitular las razones por las que esta isla tiene problemas y entender toda la historia del territorio.

Cerca del año 200 a.N.E. el imperio de la dinastía Qin consolidó su dominio en la isla, aunque los primeros asentamientos datan desde hace 6000 años. Posteriormente, Hong Kong evolucionó por la llegada de refugiados chinos tras las múltiples guerras con los mongoles (cerca del año 1279) hasta que la dinastía Yuan perdió poder en 1368, cuando se ocupó primordialmente por agricultores, pescadores y piratas.

Durante el siglo XVI y tras la llegada de los comerciantes portugueses (con quienes hubo tantas tensiones que fueron expulsados) fueron aplicadas las reformas aislacionistas Haijin que restringieron el comercio marítimo (principal fuente de ingresos de la isla).

Poco después, el gobierno de la dinastía Qing ordenó la destrucción de viviendas y cultivos de Hong Kong, por lo que aproximadamente 16,000 habitantes fueron forzados a trasladarse a la China continental. La isla quedó prácticamente vacía, salvo por los Hakka, grupo que pobló el territorio en los años previos a las colonias inglesas.

En 1624, el emperador siguiente anuló las políticas Haijin y se permitió el ingreso de extranjeros a los puertos chinos. Como resultado, se establecieron relaciones comerciales entre China y el Imperio Británico debido al consumo de té y de opio que se popularizó a través del territorio inglés.

Sin embargo, el consumo indiscriminado de la droga provocó una crisis en el Imperio Británico. Asimismo, esto fue una causa directa de las guerras del opio, tras las cuales en 1842 Hong Kong fue declarado territorio británico.

Al ser una colonia británica, durante la segunda mitad del siglo XIX Hong Kong recibió varios beneficios para la infraestructura pública, tales como las líneas de gas, el establecimiento de la electricidad y de vías férreas. Igualmente, tras la rebelión Taiping varias familias adineradas huyeron de China a la colonia británica.

Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial, Hong Kong fue ocupada por el ejército japonés durante cuatro años. Posteriormente, la isla continuó bajo el poder de Gran Bretaña hasta 1997, cuando China la constituyó como una región administrativa especial, que preservaría el sistema económico y político.

Esto determinó un nivel de autonomía superior al de cualquier región perteneciente a la República China Popular, ya que en Hong Kong existe la división de poderes. Igualmente, existe un sistema legal completamente diferente al de la China continental (ya que el de la isla se vio influenciado por el derecho inglés).

Esta diferencia con el resto de China es la principal razón por la cual el gobierno de Pekín quiere intervenir en la política de Hong Kong (esto ya que China es un Estado unipartidista con un sistema económico mixto entre el comunismo y el capitalismo neoliberal).

Ahora bien, en 2014 y en 2019 (incluso en ocasiones anteriores, aunque estas dos fueron las más grandes) se han suscitado una serie de movilizaciones sociales, provocadas por la intervención del gobierno chino.

En 2014 se dio la “Revolución de los Paraguas” tras el intento de emitir la Reforma Electoral de Hong Kong en el que se limitaba quién tenía la posibilidad de postularse como candidato a las elecciones. Igualmente, el decreto establecía la formación de un comité que nominaría a dos o tres candidatos, esto como un intento de mantener en el poder a personas afines al régimen chino.

Esto provocó una huelga estudiantil coordinada por Scholarism y la Federación de Estudiantes de Hong Kong. Fue aquí donde Joshua Wong adquirió su puesto de “activista pro democracia”.

Sin embargo, la policía rápidamente intentó sofocar la manifestación con el uso de gas lacrimógeno y de armamento antidisturbios.

Las exigencias de los grupos no fueron negociadas, sino todo lo contrario. A pesar de las presiones internacionales, en 2019 nueve de los líderes involucrados en las manifestaciones fueron declarados culpables de cargos de incitación, conspiración y alteración del orden público.

Como resultado y aunado a la la declaración del Proyecto de ley (enmienda) sobre delincuentes fugitivos y asistencia judicial recíproca en materia penal, en 2019 se vieron marchas mucho más grandes.

Esta enmienda pretendía “reparar la laguna legal” que evitaba la extradición de los nativos de Hong Kong, así como otras reformas fiscales y legales.

Al contrario de la Revolución de los Paraguas, las protestas de 2019 fueron organizadas de forma “descentralizada” con lo que se evitaban figuras de liderato.

Durante las manifestaciones, se vieron de nuevo casos de abuso policial y represión extrema con el uso de gas lacrimógeno y armamento antidisturbios. Se reportaron un estimado de 2,600 heridos así como de dos muertos (esto sin incluir los 9 suicidios que se relacionan a las protestas).

Posteriormente y a lo largo de 2020, Joshua Wong ha sido uno de los involucrados más activos a pesar de las amenazas constantes y las detenciones que ha sufrido.

Sin embargo, la situación en Hong Kong cada vez pinta peor, ya que desde junio de 2019 la policía ha detenido a más de 10,000 involucrados.

Asimismo, la expulsión de cuatro diputados a manos de las autoridades locales (a quienes el gobierno chino les otorgó el poder para descalificar a políticos que “representen un riesgo para la seguridad nacional”) provocó la dimisión del grupo pro-democracia, quienes son una minoría en el Consejo Legislativo.

Esto pone aún más en riesgo la democracia de la que goza Hong Kong, ya que el gobierno chino es conocido por tomar decisiones unilaterales a pesar de las presiones locales e internacionales.

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