30 julio, 2021

Hollywood en Crisis de Diversidad

El siglo XXI se ha convertido en una época de cambios estructurales y protestas, un periodo histórico en el que minorías como el movimiento feminista y la comunidad LGBT ganan cada vez más participación en la política global. La inclusión de estos grupos ha llevado a la humanidad a buscar una sociedad más diversa en la que no sigan surtiendo efecto los antiguos estereotipos e ideologías de género. El resultado de éstas exigencias parece poder apreciarse con total claridad en la evolución que han tenido los medios de comunicación incluyendo personas de diferentes géneros y razas en sus producciones. Sin embargo, ésta inclusión ha causado gran inconformidad por parte del público, pues la aparición de personajes supuestamente diversos resulta injustificada, afectando la trama. Es cierto que no se necesita absolutamente ninguna justificación específica para incluir a actores o personajes marginalizados dentro de una película. Por el contrario, el problema de la inclusión forzada no está en la participación de actores no estereotípicos, sino en que el giro que se les da a las cintas en las que son incluidos resulta contraproducente.

Para la época en la que hoy se vive puede resultar complicado juzgar si los medios de comunicación están promoviendo la diversidad o todo lo contrario, por lo que el primer paso es entender que la “Inclusión Forzada” se refiere a toda producción que agregue a su reparto personajes no canónicos con el fin de presentarse como un trabajo “políticamente correcto”. Sin embargo, adentrándonos en el mundo de Hollywood, estos casos conllevan que la trama se vea sacrificada y no gire en torno a los personajes de manera humanizada, sino sólo explotando su identidad. Ante la recurrencia de los directores a caer en tendencias denigrantes, como la inclusión forzada, se puede teorizar una clasificación de tres tipos de intentos de diversidad.

  1. Adaptación Opuesta

No es novedad que Hollywood base sus más recientes proyectos en éxitos de épocas pasadas. Los tan aclamados remakes no sólo han servido para revivir la nostalgia de aquellos espectadores que atendieron a las funciones del filme original (comúnmente durante la década de los 80’s y 90’s), sino que también llaman a toda una nueva audiencia a continuar con el culto de la franquicia. Siendo el siglo XXI es de esperarse que dentro de estas nuevas adaptaciones algunos de los conceptos originales hayan sido cambiados intentando entrar en la diversidad de la época con la intención de atraer espectadores pertenecientes a los grupos minoritarios.

Uno de los ejemplos más claros a nuestra disposición es el del remake de la película Ghostbusters (Cazafantasmas) del 2016, en la cual el equipo original fue reemplazado por cuatro actrices de la comedia norteamericana. En vez de ser una continuación de las películas anteriores la adaptación del 2016 roba cínicamente los elementos más sobresalientes de la primera entrega, convirtiéndose en un tipo de parodia infantil pseudofeminista. A lo largo de toda la historia se victimiza a sus protagonistas, haciendo énfasis en que los personajes masculinos son completamente absurdos y no hacen más que obstaculizar su misión de cazadoras de fantasmas. Además, las pocas escenas en las que realmente se tocan temas delicados que merecen más atención por parte de la sociedad (como la entrevista de trabajo en la que el equipo hostiga al próximo secretario Kevin) son rápidamente desacreditadas con la inclusión de chistes sexistas baratos.

Después de su estreno Ghostbusters fue ampliamente criticada por sus pesadas bromas hacia el género masculino. Por el contrario, el director Paul Feig contestó que la audiencia había quedado inconforme a ver que la película se había vuelto “una gran causa” (Burwick, 2016), haciendo referencia al feminismo. Sin embargo, el estereotipar las conductas de los hombres, en especial cuando se hace referencia a su concepción de un arquetipo femenino (como el recepcionista Kevin, quien fue contratado sólo por su físico), no sólo genera hembrismo e incrementa la violencia de género, también daña la dignidad de las mujeres que intentan escapar de éstos roles. La figura de Kevin no sólo desacredita a las personas que ejercen el mismo trabajo, también daña la imagen de Janine, la secretaria de la saga original, quien sí representaba a una mujer fuerte e inteligente.

  •  Producción Estereotípica

Aunque la inclusión forzada es más visible en adaptaciones de películas anteriormente exitosas que se estrenan con un elenco invertido en género estos no son los únicos casos que circulan en el mundo del entretenimiento. Es importante recordar que al forzar la inclusión de personajes “diversos” no sólo se juega con los estereotipos, volviéndolos ataques controversiales hacia la misma minoría, sino que también conlleva una parte de exoticismo y mala interpretación de una cultura distinta.

            El ejemplo más claro en éste caso es la adaptación live action del éxito animado Mulan. Durante el rodaje de la cinta los estudios Disney anunciaron que varios fragmentos de la narrativa empleada en 1998, así como algunos de los personajes más emblemáticos, serían omitidos. Sin embargo el estreno de éste filme resultó ser, al igual que Ghostbusters, un gran fracaso.                                            Como la heroína de La Balada de Mulan, uno de los poemas más significativos de la literatura china, Mulan es un símbolo de valentía para las mujeres que viven bajo el estricto régimen tradicional del país. Especialmente la película animada de 1998 fue muy bien recibida al mostrar que con trabajo duro y astucia cualquier mujer podía hacer la misma labor que un hombre. Por el contrario el remake introdujo a una protagonista con un talento innato para la pelea e incluso compara a Mulan con su hermana (quien sí está destinada al matrimonio). En una China en la que la violencia intrafamiliar se ha intensificado a partir de la pandemia del Covid-19 ésta entrega no ha hecho más que darles a entender a las niñas que sólo algunas mujeres nacieron con la capacidad de cambiar su destino y probablemente no son ellas.

Mulan no sólo actúa de manera antifeminista mostrándose sumisa ante el emperador y aceptando su rol social como mujer en vez de aprender a valorarse por quién es (como sucede en la versión animada). Muchos errores de época y ambientación pueden encontrarse a lo largo de la película. Esto sucede porque de los cuatro escritores que participaron en la elaboración del libreto ninguno es siquiera asiático, por lo que la película está ambientada a la concepción norteamericana de la antigua civilización china. Éste es otro de los factores fundamentales de la inclusión forzada, pues las historias de diferentes culturas son vistas como excentricidades para la audiencia occidental (principalmente norteamericana) que mira a las demás civilizaciones desde una perspectiva colonialista.

  •  Producción Diversa

No todas las producciones cinematográficas de los últimos años han fallado en ser incluyentes, sólo que es difícil encontrarlas entre tantas adaptaciones vacías. El ejemplo más representativo de un director que le ha hecho justicia a la diversidad en Jordan Peele, quien ha sobresalido con películas de terror como Us (Nosotros) y Get Out (Huye). Al contrario de las películas que usan el método de la inclusión forzada, Jordan Peele toma a protagonistas únicamente afroamericanos para representar el racismo y los crímenes de odio que son cometidos contra ellos distorsionando ésta amenaza en un fenómeno terrorífico.  Al igual que la audiencia que un inicio criticó el remake de Ghostbusters, Peele cree que la verdadera diversidad se encuentra en valorar las diferentes culturas a través de la solidaridad y en crear nuevas historias (en vez de nuevas adaptaciones de una idea vieja) en las que los protagonistas minoritarios se enfrenten a desafíos que no tienen nada que ver con su identidad. Hollywood sorprende a la audiencia cada año con su falta de originalidad y la manipulación de sus tramas en busca de generar inclusión y consciencia social. Sin embargo, la diversidad jamás podrá ser alcanzada mientras, como cualquier otro medio de comunicación, el cine se mueva sobre intereses políticos y económicos. Al buscar la participación política de los movimientos sociales sus ideales quedan igualmente politizados y pueden ser manipulados por cualquier partido u empresa en busca de más audiencia. La inclusión forzada es un tema que, aunque denigrante, no se puede detener de un día para otro, pues conlleva la intervención de grandes industrias. Queda en cada espectador la responsabilidad de informarse y dejar de consumir entretenimiento vacío, exigiendo así que los estudios cambien sus

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