14 abril, 2021

Heteronormatividad y demás reglas no habladas.

Al escuchar discursos de la comunidad LGBTQ+, probablemente has escuchado que se refiere a la heteronormatividad para hablar de un tipo de opresión a las preferencias sexuales dentro de dicha comunidad. Esta se refiere a que, como sociedad, se asume que una persona es heterosexual desde al nacimiento, es decir, que solo se presenta atracción sexual y/o romántica hacia personas del género opuesto. De esta forma, se llega a un entendimiento social de que las personas fuera de esta norma, tienen preferencias “anormales”.

“Es por la fuerza de estas ideologías que en la conformación de la vida social e interacciones cotidianas se da por hecho que todas las personas son heterosexuales (…) Esto contribuye a la estigmatización de la homosexualidad, a su sanción y vigilancia” -menciona Abrahamn Serrato, investigador del Centro de Investigaciones Culturales de México. Es así como, para muchas personas, la heterónoma representa la única ideología sobre la sexualidad que se considera natural y aceptada socialmente.

Frecuentemente, las personas con esta ideología argumentan desde un prejuicio biológico: es la única manera de preservar la especie, por lo tanto, es la única orientación natural. Esto, además de ser erróneo, tiene efectos más grandes de los que podemos notar a simple vista: poco a poco crea una herramienta de opresión.

Abundando en la segregación homosexual, las personas que no siguen la heteronorma, viven una gran opresión de su sexualidad, como también sufren de discriminación y rechazo social en su vida cotidiana; por parte de sus familias, amigxs, compañerxs de trabajo, etc. Esto provoca que se creen otros constructos sociales y dialectos peyorativos como “el clóset”.

Este constructo, hace que, para las personas de la comunidad LGBTQ+, sea un reto el poder expresar su sexualidad de manera libre, sin estigmatizalxs y marginarlxs.

De esta forma, podemos analizar que “el clóset” es un lugar creado por la sociedad para esconderse y reprimir a las personas que no cumplen con la norma impuesta.

En los ambientes familiares mexicanos, es común ver un intento de regular la sexualidad de los hijxs homosexuales desde un lugar de miedo y prejuicio hacia lo diferente o a lo desconocido. Tal es esa represión, que al escuchar que una persona no es heterosexual, se hace una noticia decisiva en el desarrollo de la persona en cuestión, ya que se expone a que su sexualidad sea un arma contra ellxs, a ser vistxs  fuera de lo normal y como si este fuera una identidad decisiva de su valor como persona.

La evaluación de una persona solo por su orientación sexual nos hace caer de nuevo en prejuicios populares y constructos sociales de opresión. Por el contrario, debemos de comenzar a normalizar las relaciones erótico-afectivas homosexuales, abrir las posibilidades, para darnos cuenta, que al amor y a las personas no se les puede encasillar en lo  “predeterminado”. Recodemos que, el amor y el placer, no son privilegios heterosexuales.

A %d blogueros les gusta esto: