11 abril, 2021

A las mujeres trans, también las matan. Vivirse mujer es un peligro diario.

En temas de violencia de género, debemos abrir los ojos y ver, que las mujeres cis-género, no somos las únicas que sufren de violencia estructural. México es el país más peligroso para ser transgénero según grupos de derechos humanos, y aún más peligroso si se es mujer. La mayoría de las agresiones salen impunes, esto incluyendo la muerte de las mujeres trans.

En 2019 se registraron los asesinatos de 117 personas de las poblaciones de diversidad sexual y de género, de quienes 64 fueron mujeres trans. Esto equivale al 55%, aunque se estima que estos números sean solamente la tercera parte de los casos reales, debido a que muchas víctimas se registran ante las autoridades como “hombres vestidos de mujeres “. Aunado a lo anterior, la poca apertura hacia la diversidad de género en las familias mexicanas lleva a que estas no reconozcan el género de sus hijxs.

Ariel Hernández Serrano, cantante originaria de la colonia de Iztacalco, se convirtió en la primera mujer trans qué dio un espectáculo en el palacio presidencial “Los Pinos “. Ariel relata que con su arte intenta darle visibilidad a una de las comunidades más marginadas del país: la comunidad trans.

“Tal vez puedo hacer algo positivo para educar y sensibilizar a las personas. Me he dado cuenta de que el arte y la música pueden borrar prejuicios, estereotipos e ignorancia “.

Ser una mujer transgénero o transexual en México se vuelve muy complicado y peligroso. Ariel relata que varias veces ha recibido insultos o miradas agresivas, pero que en su colonia las personas la respetan. Hay que estar consientes que en el caso de Ariel y de su comunidad, las personas la conocen, pero es una historia muy distinta si nos alejamos de lo familiar y conocido. México es un país muy poco tolerante hacia la comunidad trans por los múltiples estereotipos qué se han formado. Al ser un país con zonas primordialmente rurales, y hay mucha falta de educación hacia la comunidad LGBTQ+ hasta el punto de invisibilizarla.

Ariel, reconoce que las personas activistas por la comunidad trans, ponen su vida en riesgo todos los días, por lo que ella decide quedarse fuera del activismo convencional y ser vista simplemente como otra artista tratando de comunicar con su arte.

La discriminación viene por la estructura patriarcal en la sociedad mexicana. Alrededor del 98% de las matanzas del país se dejan de investigar, o en su defecto, se ignoran, dejando a lxs culpables libres. Las autoridades muestran poca inclinación hacia la investigación de las matanzas de las mujeres transgénero y transexuales.

Por otro lado, la activista Kenia Cuevas, ha enfocado su energía y en hacer que el código penal reconozca el trans-feminicidio como un crimen de odio. Kenia, relata que se conforme pasan los años, se ha logrado una apertura de parte de las autoridades, pero aún falta un largo camino por recorrer. La intolerancia los aleja cada vez más de reconocer a las personas de las sociedades plurales sin necesidad de marginarlas. Reconozcamos, que no son casos aislados. Las mujeres trans viven una condena por ser quienes son. No nacieron mujeres, pero pueden morir por serlo.

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