25 febrero, 2021

Gritamos con sangre.

Flora Marcelo, escribió afuera de la oficina de los derechos humanos de las Naciones Unidas de la Ciudad de México “justicia para los desaparecidos “utilizando su propia sangre. La madre de 36 años protesta por el feminicidio de su hija adolescente. Al menos cinco mujeres se congregaron el lunes a una protesta escribiendo en las paredes con su propia sangre pidiendo ayuda. Pintando las paredes de rojo fue que decidieron intentar llamarla atención sobre sus hijos, hijas, o demás familiares que les han sido arrebatadxs a manos de la violencia que se vive en el país y el crimen organizado.

Con una vía puesta en el brazo, de donde goteaba sangre, Flora junto con las demás mujeres que se juntaron a protestar, contaron las historias de sus familiares desaparecidos.

Flora Marcelo, una mujer de 36 años, ha estado las últimas semanas acampando afuera de las oficinas de gobierno junto con docenas de mujeres que buscan llamar la atención de las autoridades hacia sus casos. La hija de Flora, con tan sólo 13 años, desapareció en octubre del año pasado. Al no ser localizada, su caso se añadió en la lista de los feminicidios diarios. Al encontrar el cuerpo en partes como con ropa de la niña al lado de este, Marcelo relata que se dio cuenta que esta era su hija. 

¿Qué significa manchar con sangre en forma de protesta? Significa dolor, desesperación, injusticia.

A pesar de los nuevos parámetros legales que se han establecido por la Comisión Nacional de Búsqueda, el número de personas desaparecidas sigue subiendo rápidamente. Grupos de apoyo, que son primordialmente formados por madres, se han juntado para buscar en la clandestinidad a sus seres queridos alrededor del país.

La hija de Marcelo desapareció en octubre de su casa en Guerrero, uno de los estados con los índices de violencia más altos. Varios días después, su cuerpo se encontró sin vida.

Otro claro ejemplo, es Monserrat Ramírez, quien también es originario de Guerrero, y su esposo desapareció en el mes de abril del año pasado.

Ana María Maldonado, más de 10 años han pasado desde la última vez que vio a su hijo, quien desapareció en la Capital.

Se calculan 80,000 personas desaparecidas en el país desde que se declaró la guerra contra el narcotráfico, iniciada por el expresidente Felipe Calderón.

Ejemplos de este tipo de casos sobran y se viven con mucha más frecuencia de lo que nos podríamos imaginar. Hay millones de historias que se parecen a las de Laura, Monserrat y Ana María. La crisis de desaparición es real, y se sigue ocultando.

A %d blogueros les gusta esto: